Actualizado el 17 diciembre, 2025 por David Pestana
Durante los meses de frío, la caldera se convierte en uno de los grandes focos de consumo energético del hogar. Sin embargo, muchas viviendas están gastando mucho más de lo necesario sin saberlo. El motivo suele ser siempre el mismo: un ajuste incorrecto del sistema de calefacción, que provoca un consumo excesivo de la caldera y dispara la factura del gas.
En este artículo te explicamos cuál es ese error tan habitual, por qué puede aumentar el consumo hasta un 30% y, sobre todo, cómo solucionarlo fácilmente.

Índice de contenido
- El error más común: una temperatura de impulsión demasiado alta
- Por qué subirla demasiado aumenta el consumo
- Por qué este error es aún más grave en calderas de condensación
- Señales claras de que tu caldera está mal ajustada
- Cómo corregir el ajuste y reducir el consumo de la caldera
- Otros errores que también aumentan el consumo en invierno
- Conclusión: un pequeño ajuste puede marcar la diferencia
El error más común: una temperatura de impulsión demasiado alta
Uno de los fallos más frecuentes es configurar la caldera a una temperatura de impulsión excesiva, especialmente en calderas de gas de condensación.
Muchas personas piensan que cuanto más alta esté la temperatura del agua, antes se calentará la vivienda. En la práctica ocurre lo contrario: la caldera trabaja peor, consume más gas y pierde eficiencia. Lo que se conoce como un consumo excesivo de la caldera.
Para saber más sobre las calderas de gas, este artículo que se enlaza a continuación detalla «todo sobre las calderas de gas«.
¿Qué es la temperatura de impulsión?
La temperatura de impulsión es la temperatura a la que la caldera envía el agua a los radiadores o al suelo radiante. No debe confundirse con la temperatura que seleccionamos en el termostato.
- En radiadores suele ajustarse entre 55 °C y 70 °C
- En suelo radiante entre 35 °C y 45 °C
Superar estos valores sin necesidad provoca un consumo innecesario.
Por qué subirla demasiado aumenta el consumo
Cuando la caldera trabaja a temperaturas muy altas se producen varios efectos negativos que impactan directamente en el consumo y en la vida útil del equipo:
- Se pierde el efecto de condensación: en las calderas de condensación, el mayor ahorro se consigue cuando los gases de combustión se enfrían y condensan, recuperando calor. A temperaturas elevadas, este proceso no se produce correctamente, por lo que la caldera deja de aprovechar esa energía extra por la que estás pagando.
- Aumentan los ciclos de encendido y apagado: al trabajar con agua muy caliente, la vivienda alcanza la temperatura deseada rápidamente, pero también la pierde antes. Esto provoca que la caldera se encienda y apague con más frecuencia, un funcionamiento poco eficiente conocido como “ciclado”.
- Mayor consumo de gas en cada arranque: cada encendido requiere un pico de energía para arrancar el quemador. Cuantos más arranques, mayor será el gasto acumulado a lo largo del día.
- Más desgaste de los componentes: bombas, válvulas y el intercambiador sufren más estrés térmico cuando trabajan a temperaturas elevadas, lo que puede acortar la vida útil de la caldera y aumentar la probabilidad de averías.
- Sensación de calor menos confortable: aunque los radiadores estén muy calientes, el calor se distribuye de forma menos uniforme. Esto hace que muchas personas suban aún más la temperatura, agravando el problema.
El resultado es claro: un consumo excesivo de la caldera que puede incrementar la factura entre un 20% y un 30%, sin mejorar realmente el confort en la vivienda.
Por qué este error es aún más grave en calderas de condensación
Las calderas de condensación están diseñadas para funcionar de forma eficiente a bajas temperaturas. Su gran ventaja es que aprovechan el calor de los gases de combustión, algo que solo ocurre correctamente cuando el agua retorna fría.
El punto óptimo de funcionamiento
Para maximizar el ahorro:
- Temperatura de impulsión recomendada: 50–55 °C
- Temperatura de retorno inferior a 55 °C
Cuando se superan estos valores, la caldera deja de condensar correctamente y funciona casi como una caldera tradicional, pero con mayor consumo.
Señales claras de que tu caldera está mal ajustada
Si tienes dudas sobre la configuración de tu equipo, estas señales suelen indicar un problema:
- La factura del gas es mucho más alta que otros inviernos
- La caldera se enciende y apaga constantemente
- Los radiadores están muy calientes pero la casa tarda en calentarse
- Se alcanza rápido la temperatura, pero se pierde con facilidad
Todos estos síntomas están relacionados con un ajuste incorrecto y un consumo innecesario.
Cómo corregir el ajuste y reducir el consumo de la caldera
La buena noticia es que este error tiene solución y no requiere grandes inversiones.
Ajusta correctamente la temperatura de la caldera
Recomendaciones generales:
- Viviendas bien aisladas: 50–55 °C
- Viviendas antiguas o mal aisladas: 60 °C como máximo
- Suelo radiante: 35–45 °C
Bajar solo 5–10 grados puede suponer un ahorro importante a final de mes.
Usa un termostato modulante o programable
Un termostato adecuado permite:
- Evitar picos de consumo
- Mantener una temperatura estable
- Reducir encendidos innecesarios
La combinación de una buena regulación y un ajuste correcto es clave para eliminar el consumo excesivo de la caldera.
No olvides el mantenimiento anual
Una caldera sucia o mal revisada:
- Consume más gas
- Tiene peor combustión
- Reduce su vida útil
El mantenimiento anual ayuda a mantener la eficiencia y detectar desajustes a tiempo.
Otros errores que también aumentan el consumo en invierno
Aunque la temperatura de impulsión es el principal problema, hay otros factores que influyen:
Radiadores mal equilibrados
Si algunos radiadores se calientan antes que otros, la caldera trabaja más de lo necesario. Un equilibrado hidráulico mejora el rendimiento.
Aislamiento deficiente
Ventanas antiguas o cerramientos mal sellados obligan a la caldera a trabajar durante más horas.
Uso incorrecto de la calefacción
Encender y apagar constantemente o subir mucho la temperatura para luego bajarla genera más consumo que mantener un ajuste estable.
Conclusión: un pequeño ajuste puede marcar la diferencia
El consumo excesivo de la caldera no suele deberse a una avería grave, sino a un error muy común en la configuración. Ajustar correctamente la temperatura de impulsión, usar un buen termostato y realizar el mantenimiento adecuado puede reducir el gasto hasta un 30% este invierno.
Revisar estos puntos ahora no solo mejora el confort, sino que se nota directamente en la factura del gas.



